Otra vez se me acumulan los acontecimientos. Como si no tuviera suficientes cosas pasándome por dentro, la ciudad no deja de darme cosas para contaros.
Estaba hace unos días tocando la guitarra en casa (una guitarra de la que hablaré en otro momento), cuando tuve una sensación parecida a la que tienes en el cuerpo cuando estás esperando en el andén y está llegando el tren a la estación. El suelo temblaba. "Pero aquí no hay trenes", pensé. Unos minutos después, recibí un SMS de mi amiga Brooke:
"¿¿Has sentido eso??!"
Sí. Había sido un terremoto. Muy ligero, sin consecuencias, pero un terremoto.
Hoy me encuentro en el sofá de casa antes de irme a continuar haciendo la compra. Hay aviso de alarma y evacuación en gran parte de Manhattan porque en las próximas horas llega Irene, un huracán. He estado mirando los mapas publicados por las autoridades donde hablan de las zonas de riesgo. La zona de riesgo termina, concretamente, a una manzana de mi casa. No me voy a mover, entre otras cosas, porque no tengo dónde ir.
He hecho caso de la gente del barrio y me he hecho con linternas, comida, velas y agua. Probablemente corten la electricidad en unas dos horas. Todos los medios de transporte dejarán de funcionar en una hora. Los Starbucks no abrirán. Ni siquiera Apple en la Quinta avenida, que abre 24 horas. Se respira una especie de tensión y sentimiento de alarma raros. Ayer cuando fui a comprar, no cabía un alma más en el supermercado. No quedaban cestas y tuve que hacer 30 minutos de cola para pagar todo lo que me cabía en los brazos. Hice la compra en tres supermercados distintos.
Reconozco que en todo el día de ayer no sabía muy bien en qué grado de alarma tenía que poner mi mente. Reconozco que las últimas horas de ayer, cuando no quedaban linternas ni radios portátiles en ningún sitio, estaba asustada. Anoche, en un de esos giros de la vida que mi profesor Ángel Gómez tenía a bien llamar "Feliz Coincidencia", llegaba un amigo de visita desde Mississippi. Va a quedarse conmigo todo el fin de semana y, de repente, mi estado de alarma y mi preocupación disminuyeron considerablemente en cuanto le vi apoyado en la escalera de mi portal. Grande, fuerte, sonriente. Sólo podía pensar: menos mal. Menos mal.
Me preocupan las ventanas de cristal de mi edificio. Mi ventana, que llevaba rota un mes, la arregló nada más llegar. "¿Deberíamos poner maderas? ¡Dicen que podrían romperse! ¿Debería comprar comida en lata? ¿¿¿qué hacemos???!!"
Con la tranquilidad que le caracteriza y su acento sureño, me dijo: "estar tranquilos, eso es lo que hacemos".
Y aquí estoy. Irene llega en unas dos horas y está lloviendo fuera como si al cielo le hubieran dicho que es el último día que le dejan llover. Y yo estoy tranquila porque me acaba de explicar que el huracán ya está a un nivel 1 y es prácticamente imposible que esta zona se inunde. Me ha explicado muchas más cosas sobre cómo funcionan los huracanes y estoy más tranquila. Él, siendo de Mississippi, ha pasado por varios. Concretamente, sobrevivió a uno bastante terrible que destrozó su casa e hizo que perdiera a personas y cosas de mucho valor.
Don't worry, honey, this Irene is a baby hurricane. It's not Katrina.
Sabe lo que dice.
Estaba hace unos días tocando la guitarra en casa (una guitarra de la que hablaré en otro momento), cuando tuve una sensación parecida a la que tienes en el cuerpo cuando estás esperando en el andén y está llegando el tren a la estación. El suelo temblaba. "Pero aquí no hay trenes", pensé. Unos minutos después, recibí un SMS de mi amiga Brooke:
"¿¿Has sentido eso??!"
Sí. Había sido un terremoto. Muy ligero, sin consecuencias, pero un terremoto.
Hoy me encuentro en el sofá de casa antes de irme a continuar haciendo la compra. Hay aviso de alarma y evacuación en gran parte de Manhattan porque en las próximas horas llega Irene, un huracán. He estado mirando los mapas publicados por las autoridades donde hablan de las zonas de riesgo. La zona de riesgo termina, concretamente, a una manzana de mi casa. No me voy a mover, entre otras cosas, porque no tengo dónde ir.
He hecho caso de la gente del barrio y me he hecho con linternas, comida, velas y agua. Probablemente corten la electricidad en unas dos horas. Todos los medios de transporte dejarán de funcionar en una hora. Los Starbucks no abrirán. Ni siquiera Apple en la Quinta avenida, que abre 24 horas. Se respira una especie de tensión y sentimiento de alarma raros. Ayer cuando fui a comprar, no cabía un alma más en el supermercado. No quedaban cestas y tuve que hacer 30 minutos de cola para pagar todo lo que me cabía en los brazos. Hice la compra en tres supermercados distintos.
Reconozco que en todo el día de ayer no sabía muy bien en qué grado de alarma tenía que poner mi mente. Reconozco que las últimas horas de ayer, cuando no quedaban linternas ni radios portátiles en ningún sitio, estaba asustada. Anoche, en un de esos giros de la vida que mi profesor Ángel Gómez tenía a bien llamar "Feliz Coincidencia", llegaba un amigo de visita desde Mississippi. Va a quedarse conmigo todo el fin de semana y, de repente, mi estado de alarma y mi preocupación disminuyeron considerablemente en cuanto le vi apoyado en la escalera de mi portal. Grande, fuerte, sonriente. Sólo podía pensar: menos mal. Menos mal.
Me preocupan las ventanas de cristal de mi edificio. Mi ventana, que llevaba rota un mes, la arregló nada más llegar. "¿Deberíamos poner maderas? ¡Dicen que podrían romperse! ¿Debería comprar comida en lata? ¿¿¿qué hacemos???!!"
Con la tranquilidad que le caracteriza y su acento sureño, me dijo: "estar tranquilos, eso es lo que hacemos".
Y aquí estoy. Irene llega en unas dos horas y está lloviendo fuera como si al cielo le hubieran dicho que es el último día que le dejan llover. Y yo estoy tranquila porque me acaba de explicar que el huracán ya está a un nivel 1 y es prácticamente imposible que esta zona se inunde. Me ha explicado muchas más cosas sobre cómo funcionan los huracanes y estoy más tranquila. Él, siendo de Mississippi, ha pasado por varios. Concretamente, sobrevivió a uno bastante terrible que destrozó su casa e hizo que perdiera a personas y cosas de mucho valor.
Don't worry, honey, this Irene is a baby hurricane. It's not Katrina.
Sabe lo que dice.

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