Me siento en Starbucks con un café y el chico de la mesa de enfrente subraya y sujeta un taco de papeles mientras se los lee enérgicamente a un interlocutor imaginario.
Está lloviendo mucho fuera. Lleva unos días lloviendo todo el rato a intervalos. Ayer comí con Jana y luego fuimos a ver una película a su casa. Es el plan que hace todo el mundo cuando llueve. Todos menos los turistas. Después de la escuela, no me siento con fuerzas de hacer turismo. Y es ahora cuando más agradezco haber venido a esta ciudad múltiples veces. No quiero tener que ver cosas. No quiero tener que darme prisa. Como le explicaba a mi hermana el otro día, de algún modo, en la escuela, me han abierto las tripas y las han esparcido por las paredes. Me han echado tantos jarros de información por encima que sigo en el suelo intentando ordenar piezas de puzzle. Es la razón más importante por la que no he estado escribiendo aquí durante el curso. En el tiempo que me queda ahora en Nueva York, tengo que dedicarlo a una tarea que tiene que ver con la publicación de un libro, (larga historia) y a descansar. Descansar.
No puedo evitar sentirme culpable cuando siento que tengo que dormir diez horas en lugar de ocho. Estoy en Nueva York. Y estoy agotada.
(...)
Retomo este texto unos días más tarde en otro Starbucks. No es que me guste la cafetería, que de hecho la odio, es que es la manera más fácil de tener acceso a Internet, comodidad de un sofá y café en todas partes, porque están por todas partes.
Jana se ha ido esta mañana. Y no sé cómo lo ha hecho, pero ha dejado Nueva York vacío. Ella es la chica que no podía dejar de mirar el primer día de clase, porque es preciosa. Y cuando habla, lo hace sonriendo los ojos y disminuyendo el volumen de su voz tanto que casi hay que intuir lo que dice. Y me encanta. Quise ser su amiga desde el primer día, pero era muy callada y sólo abría mucho los ojos y sonreía mucho. Me gusta la gente que mira con atención más que la que habla todo el tiempo. No hice nada para que nos conociéramos antes, simplemente un día, pasó: '¿Tienes pareja para hacer la tercera escena de clase?' Y así empezó. Yendo a ensayar a su casa, comprando cosas de comer por el camino, hablando de ropa, de las clases, de los chicos. Jana y los chicos. Es la chica más sexy que he conocido en mi vida. Y con ella todo es tan simple, tan fácil. Toda la intensidad de las clases se desvanecía rápido cuando hablaba con Jana de nada importante. Incluso la escena que hacíamos juntas, que enfrentaba a nuestros personajes por haber compartido chicos, ayudó a unirnos más. Y su casa, siempre fresquita en el Infierno de Cocinas en el que vivimos. Viviendo a diez minutos de mí, y siendo mi casa todo menos un hogar, Jana ha supuesto un punto de apoyo importante. La casa de Jana era la salida de mi agobiante estudio. Pero se ha ido esta mañana de vuelta a Florida. Aunque ella volverá a NY, no sé qué posibilidades tendré de hacerlo yo. Ya la hecho de menos, pero ahora vamos en direcciones distintas, nuevas. Tal y como lo cantó ella en el Cabaret.
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