lunes, 12 de noviembre de 2012

THAT Style


Llevo un mes dándole vueltas a esta anécdota y no la había contado antes por no estar segura, pero es que no puede ser de otra manera. Sucedió y aquí lo cuento:

En julio de 2011, mi hermana Rocio, su amiga Rosa y una servidora estábamos paseando por el barrio coreano de Manhattan muertas de hambre. Era alrededor de media noche y las cocinas de todos los sitios estaban cerrando, así que dimos vueltas hasta encontrar un sitio de apariencia un poco sospechosa al que se llegaba subiendo unas escaleras y cruzando un pasillo oscuro.

Lo que allí encontramos fue un restaurante más coreano que la propia Corea. Éramos, clara y llamativamente, las únicas forasteras del sitio. Sin entender nada de lo que nadie decía y bajo la mirada atenta de clientes y trabajadores, una camarera nos guió hasta una mesa y nos dio unos menús para nosotras incomprensibles, así que con un inglés un poco roto y señas, acordamos que nos traería platos "que pudieran gustarnos". Lo más rico que recuerdo son unas hojas muy grandes de no sé qué árbol rebozadas en no sé qué. Estaban exquisitas.

Al terminar de comer, una de nosotras, no recuerdo cuál, fue al baño. Sólo había uno y estaba ocupado. Quien fuera que lo estuviera ocupando tardaba tanto que en pocos minutos nos juntamos las tres en la puerta del baño y nos pusimos a hablar.

Entre nuestros "qué rica la comida", "llevamos aquí dos horas y la gente nos sigue mirando como cuando entramos", "estoy cansada y me quiero ir a dormir" "pues yo quiero salir un rato" se nos acercó un chico con paso decidido y una sonrisa notoria. Era muy bajito y se adivinaba una barriga generosa bajo su camisa blanca. Tenía bastante acné, una cara muy grande y muy redonda y un inglés mucho más fluido que el resto de coreanos del sitio. Pensábamos que venía a ver quiénes éramos, sin embargo descubrimos pronto que en realidad lo que estaba deseando era contar quién era él. La conversación, que no recuerdo con nitidez, fue algo parecido a esto:

P - Hola chicas, ¿Qué hacéis aquí?
Chicas - Pues... hemos venido a cenar.
P - ¡Pero no sois coreanas! Hahahahahahahaha.
Chicas - Ya. Somos las únicas no-coreanas, de hecho. Ha sido curioso.
P - Sí, llevo mirándoos toda la noche. ¿Por qué no os venís de fiesta con mis amigos y conmigo?
Chicas - No, muchas gracias, tenemos planes.
P - Vamos, venid! Lo vamos a pasar bien! Además, soy famoso.
Chicas - Genial! Nos alegramos mucho, pero teníamos planes de ir al 230 Fifth.
P - No, venid conmigo! Vamos, venid con nosotros, que soy famoso! De verdad, soy muy famoso en Corea.
Chicas - Y qué es lo que haces?
P - Soy rapero, cantante y bailarín.
Chicas - Qué divertido. Oye, pues pasadlo muy bien esta noche.
P - De verdad, venid, venid, que soy muy famoso. I made a famous dance.

Recuerdo este momento claramente porque no me cuadraba nada lo que me estaba contando con su físico. En todas las clases de baile que he recibido en mi vida, nunca había visto a un bailarín con un cuerpo en tan baja forma. No que el físico fuera determinante para hacer algo en concreto, pero es como si alguien que no habla una palabra de francés te dice que es profesor de francés en la universidad. Aunque podía estar equivocándome, esa era mi impresión según me contaba aquello.

Después de repetirnos que era famoso un número enfermizo de veces, nosotras adoptamos la actitud femenina de

Vete a casa, Steve.


Pero es que realmente, el tío era un pelma. Estábamos muy cansadas y se acercaba mucho a nosotras para hablar. Esto producía un efecto acorralamiento en el pasillo del baño que nos incomodaba y el hecho de que hubiera unos setenta coreanos mirándonos fijamente no servía de ayuda.

Finalmente y para que nos dejara marchar, intercambiamos el número de teléfono con él. No recordaba su nombre, sólo recordaba que empezaba por P y era una sola sílaba. It's a family name, dijo. Vamos, el apellido.

Después de darle muchas vueltas e investigar los recuerdos de mi hermana, buscar fotos y hacer memoria, he concluido que el chico que nos dio la lata aquella noche de Julio es, efectivamente y contra todo pronóstico nuestro de entonces, muy famoso y muy bailarín. De nombre Park. Bueno, de family name.





No hay comentarios:

Publicar un comentario