Ayer, 15 de Noviembre, fue el cumpleaños de Daniel. Daniel es el chico que ha redefinido muchos conceptos en mi cabeza relacionados con el funcionamiento de las personas, empezando por mí, continuando por él y acabando en el funcionamiento del amor. Para hablar de él podría escribir páginas enteras y todavía me faltaría espacio, pero voy a intentar resumirlo: es mi polo opuesto. Donde yo lleno de palabras los minutos del día y salto de un sentimiento al contrario, Dani es una balanza de colores intermedios que necesita el silencio para comunicarse. El silencio y los gestos. Digamos algo así como que una palabra de Dani vale como mil de las mías y que, a su vez, un gesto mío vale como algunas de sus palabras. Eso fue exactamente lo que pasó ayer.
Llevaba unos días preguntándole qué quería hacer por su cumpleaños. Nada, nada. Nunca lo celebra. No lo celebra desde que es pequeño. Lo único que quiero es acabar mi libro, dijo.
Y con la constancia que le caracteriza y de la que yo aprendo y admiro cada día, terminó su libro dos días antes de cumplir 27 años. Aunque hice un tremendo esfuerzo por intentar entender y respetar que no quisiera celebrar su cumpleaños, el hecho de que hubiera acabado el libro me parecía un motivo de celebración mucho mayor y perdérselo me parecía inadmisible. Si lo único que quiere por su cumple es su libro y yo quiero que tenga una tarta, pues manos a la obra. Me propuse hacer una tarta con el dibujo de la portada del libro de Dani, que es esta:
Me fui a la tienda Taste of America, donde compro todas las cosas de cocina yankee que me da por hacer siempre. Fui a dos de ellas, y en la de Cea Bermúdez me atendió un chico encantador que además sabía de pinturas y visualizaba la tarta según se lo iba contando. Siguiendo su consejo, compré un preparado para bizcocho Red Velvet, que no es más que bizcocho con sabor a chocolate y vainilla pero tintado de un rojo muy elegante. Me hice también con un preparado de icing -azúcar que se endurece para la cobertura de la tarta- y pinturas comestibles. Supongo que son jarabes de glucosa con colorante. Espero.
Me levanté a las 8 y a las 9 de la mañana ya estaba preparando el bizcocho. El resultado del bizcocho era este:
Luego me puse a moldear el icing, que en realidad es casi como la plastilina y a pesar de mis casi 27 años también, no hay nada que más me guste en el mundo que moldear plastilina. Hice una cobertura normal y le añadí una tira extra en uno de los lados a modo de borde del lomo del libro. Algo así:
Luego me senté con la tarta frente al portátil con la foto de la portada original y me puse a pintar con un pincel. Haciendo caso del chico de la tienda, empecé por las zonas más claras y de ahí fui a pintar las zonas más oscuras. En muchas ocasiones me ayudé de las manos, acabando con los dedos color pitufo el resto del día. El degradado del color de un anochecer no es NADA fácil de pintar sobre el azúcar. Sobre todo cuando en realidad no tienes ni idea de lo que estás haciendo.
Mientras yo trabajaba en esto y luego iba a ensayar con mi grupo, mis amigos Álvaro e Irene preparaban la casa de Dani con girnaldas, globos, corona de rey y todos los detalles que podrían avergonzar a un tímido no-cumpleañero como él. Y unos canapés increíbles que preparó Irene. Sólo para los amigos más cercanos. Cuando acabé, la tarta quedó así:
Después del ensayo quedé con Dani en mi casa. Pedí disculpas por no haberme dado tiempo a hacer la cena especial que le había prometido y le dije que fuéramos a su casa y pidiéramos una pizza. Del sabor que tú quieras, para eso es tu cumple.
Y llegó el momento de darle la tarta. Este momento me gusta porque noto cómo apenas se le nota por fuera pero está desbordado por dentro. He aprendido a leer sus silencios y eso me encanta. Un detalle gracioso final fue el momento en el que me dijo "sí, de hecho había visto la foto en tu ordenador" y me dio un miniataque al corazón pensando que se refería a la tarta, pero sólo se refería a la imagen que utilicé como referencia. Fue una fiesta realmente bonita.
Llevaba unos días preguntándole qué quería hacer por su cumpleaños. Nada, nada. Nunca lo celebra. No lo celebra desde que es pequeño. Lo único que quiero es acabar mi libro, dijo.
Y con la constancia que le caracteriza y de la que yo aprendo y admiro cada día, terminó su libro dos días antes de cumplir 27 años. Aunque hice un tremendo esfuerzo por intentar entender y respetar que no quisiera celebrar su cumpleaños, el hecho de que hubiera acabado el libro me parecía un motivo de celebración mucho mayor y perdérselo me parecía inadmisible. Si lo único que quiere por su cumple es su libro y yo quiero que tenga una tarta, pues manos a la obra. Me propuse hacer una tarta con el dibujo de la portada del libro de Dani, que es esta:
Me fui a la tienda Taste of America, donde compro todas las cosas de cocina yankee que me da por hacer siempre. Fui a dos de ellas, y en la de Cea Bermúdez me atendió un chico encantador que además sabía de pinturas y visualizaba la tarta según se lo iba contando. Siguiendo su consejo, compré un preparado para bizcocho Red Velvet, que no es más que bizcocho con sabor a chocolate y vainilla pero tintado de un rojo muy elegante. Me hice también con un preparado de icing -azúcar que se endurece para la cobertura de la tarta- y pinturas comestibles. Supongo que son jarabes de glucosa con colorante. Espero.
Me levanté a las 8 y a las 9 de la mañana ya estaba preparando el bizcocho. El resultado del bizcocho era este:
Luego me puse a moldear el icing, que en realidad es casi como la plastilina y a pesar de mis casi 27 años también, no hay nada que más me guste en el mundo que moldear plastilina. Hice una cobertura normal y le añadí una tira extra en uno de los lados a modo de borde del lomo del libro. Algo así:
Luego me senté con la tarta frente al portátil con la foto de la portada original y me puse a pintar con un pincel. Haciendo caso del chico de la tienda, empecé por las zonas más claras y de ahí fui a pintar las zonas más oscuras. En muchas ocasiones me ayudé de las manos, acabando con los dedos color pitufo el resto del día. El degradado del color de un anochecer no es NADA fácil de pintar sobre el azúcar. Sobre todo cuando en realidad no tienes ni idea de lo que estás haciendo.
Mientras yo trabajaba en esto y luego iba a ensayar con mi grupo, mis amigos Álvaro e Irene preparaban la casa de Dani con girnaldas, globos, corona de rey y todos los detalles que podrían avergonzar a un tímido no-cumpleañero como él. Y unos canapés increíbles que preparó Irene. Sólo para los amigos más cercanos. Cuando acabé, la tarta quedó así:
Después del ensayo quedé con Dani en mi casa. Pedí disculpas por no haberme dado tiempo a hacer la cena especial que le había prometido y le dije que fuéramos a su casa y pidiéramos una pizza. Del sabor que tú quieras, para eso es tu cumple.
Y llegó el momento de darle la tarta. Este momento me gusta porque noto cómo apenas se le nota por fuera pero está desbordado por dentro. He aprendido a leer sus silencios y eso me encanta. Un detalle gracioso final fue el momento en el que me dijo "sí, de hecho había visto la foto en tu ordenador" y me dio un miniataque al corazón pensando que se refería a la tarta, pero sólo se refería a la imagen que utilicé como referencia. Fue una fiesta realmente bonita.

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