lunes, 27 de junio de 2011

Everyday is yours to win

Llegué a Nueva York hace dos días con una maleta terriblemente pesada al hotel más decadente de Manhattan. Solté mis cosas en la habitación e inicié una práctica que se iba a convertir en rutina, muy a mi pesar: me fui a Starbucks a tomar un café que odio para poder usar su wifi gratuito durante horas.

Estudiándome el craigslist de arriba a abajo (el páginas amarillas de todo tipo de servicios en USA), me puse a buscar piso. ¿Brooklyn? ¿Manhattan? Después de barajar ventajas y desventajas de uno y otro, y sabiendo que la zona cool de Brooklyn (Williamsburg) no se aleja tanto económicamente de Manhattan, me decidí por Manhattan. "Eso sí, ya que voy a estar en Manhattan, por lo menos busco algo tranquilo", pensé. Y así que me fui a ver una preciosa habitación en un piso compartido del Upper East Side, a diez minutos andando de Central Park. La vi, me encantó, la compañera y yo nos llevamos guay. Fui a sacar dinero al banco. Cuando volví, otra persona la había alquilado. Habían pasado 20 minutos.

Viendo que esta jungla de pisos es así, lo ves, te gusta, lo pagas y firmas, volví a Starbucks a chupar más wifi. Mandé unas 100 solicitudes en 30 minutos. Las primeras 90, con mi número mal puesto. Claro, siendo yo no iba a ser de otra manera. De las diez restantes, recibí una llamada. Fui a ver el sitio esa misma tarde. Era una habitación, mínima. Una habitación que es cocina-comedormitorio y salón. Y un bañito, aparte. Más barata que el piso compartido y a un bloque de Times Square. Soy consciente de que vivir en la zona más turística de la ciudad es el infierno, pero está a diez minutos andando de mi escuela. Dije "sí, quiero".  Me mudo para allá el 1 de Julio y hasta entonces, seguiré evitando los tiroteos en el lobby del Latham Hotel.

Es la madrugada del 27 de Junio de 2011. Hace un mes me encontraba en la misma ciudad, a punto de hacer una audición para estudiar un curso de verano en la escuela de teatro musical Circle in the Square. Me aceptaron. Comienzo mañana. Y yo sin los zapatos de baile. ¿Qué hago, voy con las converse?